domingo, 31 de agosto de 2014

Tomar la Cruz para seguir a Jesucristo.

TOMAR LA CRUZ PARA SEGUIR A CRISTO

 Fray Rufino fue uno de los primeros seguidores de San Francisco, también oriundo de la ciudad de Asís. Venía de una familia noble, era primo de Santa Clara. Era tímido e introvertido, y le batallaba parar ir por limosnas y para predicar. La inconformidad que fue engendrando por eso, dio pie a que el demonio le pusiera una tentación. Disfrazado de ángel de luz, le dijo que Francisco estaba condenado y todos los que tuvieran trato con él. Por lo tanto, Fr Rufino se alejó de la fraternidad, y se fue a vivir como ermitaño al monte. Pero Francisco se preocupó por él y fue a buscarlo. Y aunque el fraile engañado trató de eludirlo, finalmente  Francisco logró hablar con él. Cuando le dijo lo que estaba pasando, Francisco le dijo que era una tentación del demonio, y que para probarlo, la próxima vez que le hablara le dijera un insulto, cosa que el demonio por ser tan soberbio no soporta.  Y en efecto así pasó, cuando el demonio volvió y quiso regañar a Fr Rufino por hablar con Francisco, le dijo un insulto que hizo que el demonio se alejara haciendo mucho barullo. Fr Rufino volvió rápidamente con los frailes, y aprendió a no caer en esas tentaciones del maligno.

 San Francisco nos advierte en uno de sus escritos: "Y guardémonos mucho de la malicia y astucia de Satanás, que quiere que el hombre no tenga su mente y su corazón vueltos a Dios. Y, acechando en torno, desea apoderarse del corazón del hombre, con pretexto de alguna merced o favor, y ahogar la palabra y los preceptos del Señor borrándolos de la memoria, y quiere cegar, por medio de negocios y cuidados de la vida diaria, el corazón del hombre, y habitar en él."

 La semana pasada veíamos en el Evangelio como Pedro recibía las llaves del reino de los cielos, y muchas promesas divinas. En esta lo vemos ser llamado "satanás" por el mismo Jesús, ya que se deja llevar por los criterios humanos contrarios a los proyectos divinos. Y es que el demonio es tan sutil en su manera de tentar al hombre para alejarlo de los caminos de Dios.

 Los caminos de Dios son cuesta arriba, y son exigentes. Cuesta seguir a Jesús como él nos lo pide: " El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y que me siga" Y cuesta, precisamente porque vale.  ¿De que nos serviría ganar el mundo entero, si cuando llegue la muerte a nuestra vida vamos a quedar vacíos de toda obra buena, con las que se puede obtener la vida eterna?  Ante ese juicio eterno que nos aguarda, ya no hay negociación posible… no podemos ya dar nada a cambio de nuestra vida. 

 Qué bueno que como Jeremías nos dejáramos seducir por el infinito amor de Dios, y que como nos pide San Pablo, nos ofreciéramos como una hostia viva y agradable a Dios, distinguiendo claramente lo que es la voluntad de Dios.

 Que cuando venga el hijo del hombre, rodeado de la gloria de su Padre y en compañía de sus ángeles, podamos recibir como premio a nuestras obras la vida eterna. 

 

Vale la pena tomar la cruz, y seguir a Jesucristo.


stagduran
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